PRISMA: El Dragón, por Marco Salas.

El objeto de nuestra tertulia es tan inescrutable y místico que prácticamente no sabemos nada de él, sino aquello que nos es dado por la imagen, y aún esto es tan volátil a lo largo del tiempo que para poder decir algo que se acerque a lo certero sobre él tendríamos que analizar culturas tan lejanas como la occidental (entiéndase China, Japón y Corea), la europea (Inglaterra, Alemania, Italia y Grecia) y la oriental (India, Israel y Siria) en tiempos tan distantes que varían entre los 2000 a.C. hasta el siglo XIX de nuestra era, y aun así no abarcaríamos el vasto reino de esta criatura; es decir que será imposible ensayar sobre sus múltiples simbolismos y las interminables aplicaciones de su deidad. Quizá –y a esto me aferro como a pergeñar y no como a ineptitud– mi satisfacción no está en develar el significado de su cabeza de caballo, sus cuernos de ciervo, su cola de culebra, sus ojos de demonio, orejas de buey y demás; mi agrado estará en hacer una pequeña comparación, basándome siempre en textos que otros ya han escrito. Mi tarea, como segador de párrafos, será el facilitarle al lector otras lecturas y quizá el proponer una pequeña teoría que (si no me engaña la vanidad) no he leído en ninguna hoja de ningún libro.

Decir que este animal (o al menos la idea) fue otorgado al hombre, es correcto, puesto que podemos leer de las Escrituras que a la serpiente antigua se le llama también el gran Dragón el cual fue echado de los cielos, y se dio a la tarea de ir por la tierra contra los hombres para que estos, influenciados y nunca ocupados, sean llevados a realizar su voluntad. Fruto de esto es la obra maestra del escritor argentino Manuel Mujica Laínez 'El viaje de los siete demonios'.

El tema de los gobernantes de la China es sabido por todos que, para ser uno, debe el hombre haber nacido bajo este signo único en su mitología, puesto que todos los demás son animales reales: el buey, el conejo, la rata, etcétera. Al dragón se le atribuye el ser guardián de la sabiduría y la riqueza. En este ciclo en el signo del dragón rige el cielo astral también es en el que la tasa de natalidad aumenta más que en todos los demás años.

En el cuento germánico El cantar de los nibelungos se narra la historia de un caza-dragones, Sigfrido, que a sabiendas de que quien se bañara con la sangre de un dragón macho correría la suerte de ser inmortal, logró herir de muerte a uno y alcanzó a bañarse enteramente con la sangre del dragón, excepto por una pequeña porción en su espalda que fue tapada por una hoja de tilo, la cual sirvió más adelante para su muerte. Se sabe que uno de los atributos del dragón es su inmortalidad, siempre y cuando no pierda la perla que prende de su cuello. Esa perla representa el sol; sin esa perla el dragón es inofensivo y queda a la voluntad de quien, en suerte, disponga de él. Shenglong (dragón de caricatura) queda a la voluntad de aquel que reúna las siete perlas regadas por el mundo que representan el firmamento nocturno, valiéndose de siete estrellas. Siendo este todopoderoso queda a la fortuna de quien ostente llamarlo mediante una oración secreta. Claro que Shenglong fue modificado para fines televisivos, puesto que ningún dragón cuenta con siete esferas. La idea quizá nace del dragón original, que es color azul y posee una sola perla, esto mismo lo hacía tan difícil de ver cuando vuela por el cielo azul; es a este a quienes los chinos atribuyen el porvenir de su agricultura, rigiendo el tiempo de lluvia, las nubes y el viento.

Dragones verdes los hay en todas las latitudes de la historia, por mencionar algunos, diremos Fafner, Nighogg, Jörmundgander, y miles más. Hay, sin embargo, un dragón rojo que viene a ser el relacionado con el ocultismo. El grimorio titulado El dragón rojo, hace referencia a que, con este, puede hablarse con los muertos, hacerse pacto con el Lucifer, mandar a los demonios y muchos otros ritos de magia que no mencionaremos. Inglaterra también participa de un dragón y león rojo. La Puerta de Istar, en la antigua Babilonia, por mandato de Nabucodonosor II, fue pintada de azul y rojo y ostenta, a manera de relieve, leones, dragones y toros dorados.

¿Por qué mencionar todo esto que es mera información? porque es obvio que aún los colores con que pintan los distintos dragones están también dotados de significado. Ejemplo de colores con significado los hay en nuestra vida cotidiana por todas partes: El verde, el amarillo y el rojo en los semáforos. Las alertas meteorológicas: roja, naranja, amarilla, verde y azul. La psicología del color también nos dice de qué color pintar las paredes de los restaurantes, de qué color pintar un bufé o el color para una clínica médica. Pues bien, para los mayas el color rojo no carecía de prerrogativas al ser este el color de la sangre y el color que llamaba a la guerra.

            Es en el templo de Kukulkán donde me quiero detener un instante por ser en aquí donde converge lo presente y lo vetusto. Es aquí donde enlaza lo antes mencionado. Cabe aclarar que Kukulkán es una divinidad del imperio maya, cuya etimología (en maya k'ukulk'an) es 'pluma y serpiente': serpiente emplumada. Esta serpiente emplumada es un claro arquetipo del Quetzal, a quien rendían culto tanto mayas como aztecas. En las plumas de dicha ave podemos ver todos los colores de los dragones anteriormente mencionados: el azul, el verde y el rojo. Lo curioso es que existe también una perla en el Quetzal que, si se quita, el ave muere: la libertad. Es sabido que un Quetzal en cautiverio perderá la vida. Siendo una especie de dragón que es exquisitamente difícil de ver y escuchar. Su canto es considerado el eco de la humanidad. El Himno Nacional de Guatemala reza: "Ojalá que remonte su vuelo más que el cóndor y el águila real y en sus alas levante hasta el cielo 'Guatemala', tu nombre inmortal". La cultura de lo inmortal fue puesta en los mayas desde la idea del Cero (0), y aquí nuevamente nos topamos con esta nueva forma de otorgar al Quetzal atributos místicos como el único que puede subir y llevar a la inmortalidad un nombre como el de Guatemala.

Sin ser un sabio, es evidente que el dragón de Rong es el mismo que desciende en el templo de Kukulkán en los 91 escalones en la época que corresponde a los meses de marzo y septiembre.

Quetzalcoatl se considera el dios de la vida, de la luz, de la sabiduría, de la fertilidad y del conocimiento, patrón de día y de los vientos, el regidor del Oeste. Evidente es para el lector que ya aquí no hay regreso ni avance. Avanzar es inducirnos a dividir el significado de la serpiente: lo tangible, lo material. Y las plumas: lo espiritual, lo intangible. Es sumergirnos en los vericuetos de los simbolismos. Es anidar la cultura del barrilete con el huracán y las muchas creencias centroamericanas.

Me he valido de la información necesaria para proponer, entonces, que el dragón centroamericano vuela libre por alguna de las montañas nubladas de la patria cuya enseña es un pedazo del cielo en el que prende una nube su albura.

Escribo esto a los 7 días del mes de septiembre.


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