Prisma - por Marco Salas.

Reúno aquí dos ensayos que he nombrado "Comunicación audiovisual y la Publicidad" y "Crecimiento Cognitivo del Bebé", y son el fruto de dos trabajos aislados que en alguna universidad pidieron. Yo, como es mi deber, realicé los míos a conciencia y a sabiendas que mi aptitud en cuestión no es superior a la del promedio, por eso inclino estos asuntos a lo eterno: La Literatura, ámbito en donde me siento más cómodo. 


Es verdad que he procurado a lo largo del tiempo que llevo administrando esta columna "PRISMA", el nunca escribir sobre temas tan triviales, temporales y pasajeros; para ello ya está la prensa. 


Dejo, pues, lo siguiente para lectura ocasional: 




Comunicación audiovisual y la publicidad.


Estamos ante la disyuntiva: ¿Presenta la Comunicación audiovisual una amenaza para la publicidad, o es la Publicidad la que se vale de la Comunicación audiovisual?

Trataré de exponer estos dos temas de manera concisa y compacta y de la manera más clara posible, aunque bien sabemos que merecen libros enteros de discusión y de análisis profundo.

Es verdad que el ser humano tiene en su cuerpo varios sistemas que le ayudan a formar un sistema de sistemas y que estos se encuentran perfectamente muy bien balanceados y organizados de manera que ninguno estorbe a otro en ninguna función. Uno de esos sistemas es el nervioso, este es el encargado de percibir, interpretar y transmitir lo externo hacia lo interno: la vista, el tacto, el olfato, el gusto y el oído no son sino terminales eléctricas que convierten la luz (en el caso de la vista, por ejemplo) en impulsos eléctricos para ser eventualmente interpretados por el cerebro. Este, obviamente, no es un ensayo sobre anatomía, pero es necesario explicar esto para dar a entender lo siguiente:

El ser humano está hecho para percibir la comunicación a través y con la ayuda de los sentidos. Esto no es nuevo: La serpiente engañó a Eva, y vio Eva que el fruto era bueno. Ya desde un inicio tenemos que algo se puede vender con la ayuda audiovisual. En los más recientes centros comerciales, la muestra de un producto X es presentada al cliente y se le pide al cliente que lo tome en sus manos y que lo pruebe, que lo use, que se lo aplique… esto es porque se busca una interacción integral con el producto y el cliente. Lo mismo sucede con el cliente que va a comprar un automóvil nuevo o usado (las condiciones son las mismas); se le ofrece una prueba de manejo en donde este toma el volante y siente la fuerza del acelerador, la respuesta que el motor puede dar, la comodidad, etc… todas estas sensaciones están basadas en simples impulsos eléctricos, salvo que aquí podemos agregar la adrenalina que produce un Corvette, por ejemplo.

Nunca se le presenta al cliente las razones lógicas por las que no debería y por las que sí debería de comprar un Corvette como el de nuestro ejemplo; la gasolina, el precio de los repuestos, los servicios mecánicos rutinarios, los filtros, etc. Obvio, la ayuda audiovisual no es pensada: es sentida. Y esto hace la tarea necesaria.

La Publicidad, por otra parte, es la que se encarga de hacer que el cliente que necesita un automóvil para ir de un punto A a un punto B (que bien puede hacerlo un Toyota '89) quiera no solo un automóvil, sino que busque un Corvette, o un Porshe, o un Mercedes, lo pruebe y lo compre. La publicidad está fomentada en dar a conocer cualquier artículo (llámese a este producto, persona o servicio) y de resaltar sus características, con el fin de aumentar el consumo o las ventas o la información necesaria. La Publicidad se ayuda de otras ciencias como la psicología, la economía, la estadística, entre otras.

Cabe resaltar que la Publicidad en sí es solo una guía esquemática basada en estudios externos para lograr el bien requerido; es, en otras palabras, la utilización a conveniencia del conjunto de

elementos científicos para que un conglomerado previamente estudiado conozca lo que se promueve y lo consuma.

Con estas previas, entendemos que la publicidad también se vale de la ayuda no solo audiovisual, sino de todas las necesarias, llámense tecnológicas, psicológicas, étnicas y científicas. Curioso es que no exista ley que regule (si se permite la redundancia) el uso indebido de estas técnicas, como sí lo existe, por ejemplo, para proteger un fraude bancario o un fraude informático.

La publicidad, como un cuchillo, puede ser utilizada a beneficio o a maleficio. Nos quedará la discusión sobre la ética del publicista, sobre los valores morales que rigen la publicidad y sobre el uso manipulado de los distintos sistemas audiovisuales que el comerciante utilice para posicionar una marca o un producto en la mente del consumidor, y en busca de mayores y ostentosas ganancias. O si por el contrario, la publicidad es únicamente el medio por el cual la gente cree.

Sea cual fuere el desenlace de esta interminable conversación, tenemos aún en el presente a estos colosos jugándose y coqueteándose números. Y concluyo que tanto como se desarrollen las grandes ciencias en las que descansa la Publicidad, el consumidor final irá quedando indefenso ante la profusa invasión de publicaciones y de ofertas y no habrá persona en el planeta que quede incólume ante exasperante guerra. Las abejas obreras (que son las ciencias aditivas) son las que mantienen en vigencia y en funcionamiento al zángano, que es la Publicidad.


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