prisma

José Milla y Vidaurre, en su libro titulado «Cuadros de costumbres», nos presenta su diálogo como un juego que busca excelencia, como desmintiendo su carácter jactancioso, queriéndolo envolver de solemne. Es evidente que el Ensayo es un método ampliamente elástico, a diferencia, por ejemplo, del Ultraísmo, pero no debe carecer tampoco de sus elementales secuencias para llegar a sus conclusiones.

En sus palabras, Milla apunta: «La duda es la madre de la indecisión» Nos propone (y nos cuesta creerle) que esta frase radica del profundo escrutinio y laborioso proceso mental en que se vio envuelto, pero bien se puede decir algo semejante sin ser analizado en su totalidad; por ejemplo: "las líneas hacen al tigre". Milla intercede por él mismo y en el mismo relato, agrega: «Saber dudar es una cosa excelente», con lo que desborona su primera sentencia o su primera teoría.

 

Este tipo de frases eran las predilectas para los diálogos socráticos, y se ve que Milla carecía conscientemente de los elementales problemas filosóficos. En los tiempos de oro de la filosofía se buscaba la verdad o ratio de las palabras dichas por maestros. El que lograra refutar una frase como, por ejemplo, «Sensato es ocuparse de lo propio», lograba colocarse en un núcleo de pensadores, de intelectuales del diálogo. Milla se autoproclama en ambos puestos. Es maestro, pero también es su propio alumno.

Prueba de esto es que el proceso analítico de Milla, escrito en las líneas siguientes, nos deja entrever su esfuerzo por dialogar con él mismo y enseñarnos, narrando, sus propias cuitas: «El que duda de todo, difícilmente se decide a nada. Teme desacertar y su espíritu se constituye en la situación en que suponía al sepulcro a Mahoma una creencia popular entre los árabes: suspendido en el aire eternamente» o «La condescendencia es una cualidad opuesta, en cierto modo, al egoísmo. Así como el que padece de este ingrato vicio está dispuesto siempre a servirse de los demás; así, el condescendiente, emplea su persona y sus cosas a favor de sus amigos, de sus conocidos y hasta de sus indiferentes. La condescendencia no es servicialidad… la condescendencia es solicitada… La condescendencia dentro de sus propios justos límites, es una apreciable cualidad social. Llevada al exceso, suele ser* la desgracia del que la posee».

 

No llegar a ningún lugar es siempre lo mejor para el escritor, puesto que un alumno no puede sobreponerse a su maestro, siendo él mismo. Para nosotros, José Milla queda envuelto en modernismo, pero también queda impregnado en lo antiguo, su lectura es para el entendido, siendo él guatemalteco, se esforzó por estar a la altura de Bacon, de Miller, de Stevenson, sin llegar a negar, claro está, a Nietzsche, pero qué bueno nos es leer a José Milla y Vidaurre, por su diálogo abierto, por su sentido del humor, por su desinhibido trato hacia sus semejantes.

 

Toda crítica que se hace a un fallecido, es nula. Lo mío no es crítica, sino vuelve a la raíz de lo moderno, de aquellas palabras dichas hace ya más de 140 años, es notorio que su cadencia y sus ocurrencias siguen escritas en aquel Libro Verde del que nos habló, siguen fascinando infantes, siguen siendo discusión para adultos y ¿qué otra manera de medir el talante de un escritor, sino cuando se le habla, cuando se le discute, cuando se le admira o cuando se le odia?

 

«Recostado en el vagón del Pasajero, leí a José Milla y Vidaurre –me contó un anciano—me interesó un cuento, un relato, algo que leí de él en su libro, me vi envuelto en sus palabras y no lo solté hasta el final de su historia, cuando llegué al final, no me gustó. Arrojé el libro por la ventana, muy enojado, y nunca más lo volví a leer»

 

 

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*Ser, en la primera edición 2010 del libro, la Editorial Tipografía Nacional, dice "hacer".




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Marco Salas

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