prisma

La Universidad.

 

A pocos nos interesa, en realidad, por qué estudiamos en algo que lleva por nombre "Universidad". Es poco común que, al tomar un té o un café, se hable de la ramificación que nos hizo estar en un centro de estudios específicos con catedráticos licenciados, hablando de una sola época: el futuro. Si bien me enemistaré con algunos abogados, veo necesaria esa enemistad por decir lo que nos ha enseñado la Baja Edad Media.

 

La lectura, para mí, ha sido de carácter helenístico; enfocado siempre al conocimiento, al mero afecto a las hojas empastadas y a esa textura sostenida en mis manos. La lectura que se da en la conjugación libro-lector: ella me hace exponer el tema en cuestión con total libertad y fuera de todo preámbulo retrospectivo.

 

El término "Universidad" implica que hablemos de la Unidad de un Todo. Recordemos en este punto que "la unidad" y "un todo" fue lo que separó a Platón y a Aristóteles. El uno, creía que se debe de hablar, cuando se habla de Universo, del conglomerado de las unidades coexistentes en ese espacio. El otro, creía que es, en realidad, un disparate hablar de una idea abstracta como lo es "Todo" más bien -decía- se debe de hablar del individuo. Tomemos el ejemplo de un Estado: para Platón, es el conjunto en sí. Para Aristóteles, un Estado es la suma de cada individuo.

 

De la idea platónica se obtienen frases de paradigmática argucia: "amor platónico". Se refiere no a aquello que es inalcanzable, sino a aquello que es, en teoría, imposible. De la idea aristotélica se obtienen silogismos acentuados hasta el día de hoy, como lo son, por ejemplo, el Anarquismo.

 

El hecho pensado que me pondrá en enemistad con algunos abogados, es el revelar que, en realidad, Roma es la exteriorización de la cultura griega, de los filósofos griegos, de la mente griega. No concebimos a Virgilio, sino a Homero. Es decir que el período alejandrino dio por herencia al mundo la hegemonía helenística. Aquello que denominamos Leyes, ya tenía numen griego. La idea, en los inicios de la Universidad, que nace en este período, era el estudio en Teología, el Derecho y la Medicina. Todo esto bajo la tutela de la Filosofía y de las Artes. Estas dos últimas eran el Todo del conocimiento pleno y requerido para adentrarse en otra facultad.  

 

Hoy en día, la triste lectura universitaria está plasmada de bibliografías, de las citas, de dos fechas separadas por un guion, de las obras que compuso fulano, se leen "obras completas". Es decir: Miguel de Cervantes no leyó ni una sola página sobre Miguel de Cervantes y escribió el Quijote. Shakespeare no leyó "La Obra de Shakespeare" y nos dejó Macbeth. De modo que yo aconsejaría a mis lectores que tomen la lectura como una de las formas de la felicidad, como un goce personal. La lectura no debe de ser una obligación; es un contrasentido. "Felicidad Obligatoria" es evidentemente un error. 

 

Se ha dicho que la Universidad debiera insistirnos en lo antiguo y en lo ajeno. Si insiste en lo propio y en lo contemporáneo, la Universidad es inútil, porque está ampliando una función que ya cumple la prensa. Esta función es de mera acentuación intelectual hasta en las evaluaciones: hay quienes, aun hoy, no saben tomar exámenes, haciendo preguntas. No se debe coartar en una cárcel el pensamiento, ni la razón. Así que, hablar de manera platónica o aristotélica, sería más sano. 



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Marco Salas

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